Pela los membrillos, córtalos en gajos y ponlos en un bol en el que previamente hayas añadido agua y el zumo de limón (de esta manera evitas que el membrillo se ponga marrón). Como después de limpiar el membrillo suele haber una merma notable, una vez tengas los membrillos limpios debes tener unos 850-900 g de fruta limpia.
Ahora escurre las frutas, córtalas en cubos medianos y ponlas en una cazuela.
Añade a la cazuela el azúcar, la piel rallada de limón y cocínalo todo durante unos 13-16 minutos a fuego moderado hasta que el membrillo esté tierno. Durante la cocción hay que tapar la cazuela.
Una vez esté la fruta tierna, machácala un poco con un palo de madera para que esté cremosa, pero sin que quede como un puré. Deja que se enfríe un poco.
Preparando el crumble:
Pica las nueces y resérvalas.
Mezcla la harina con el azúcar y las especias. Añade la mantequilla fría y amasa un poco hasta que su textura esté grumosa. Incorpora las nueces picadas. Amasa un poco más hasta que las nueces estén bien repartidas.
Vamos a hornear:
Precalienta el horno.
Engrasa un molde redondo con mantequilla. El diámetro del molde es de 28 cm.
Vierte el membrillo cocido en el molde y alísalo. Cubre las frutas con la masa grumosa, pero sin apretar.
Hornea el crumble de membrillo durante unos 45-50 minutos hasta que la parte superior esté dorada. Horno: 180ºC.